viernes, 30 de octubre de 2009

¿Cuál es el propósito de la JR dentro del PRSD? Cómo institución, la JR tiene sus fines propios, dados por su propia naturaleza juvenil, como es el hecho de recoger la inquietud de los jóvenes radicales, transmitirlas al interior del Partido, como asimismo, a la sociedad civil. Hacer eco de los problemas que atañen a la juventud. Configurar las generaciones de recambio del PRSD, así como el velar por la correcta formación política de los distintos cuadros. Influir e incluir el ideario radical en las organizaciones estudiantiles y en todas aquellas esferas de competencia natural por parte de la Juventud. Mantener actualizado al Partido en la problemáticas de contingencia, que por la distancia generacional, se puedan producir. Todo eso y mucho más, es el rol que juega la JR dentro del PRSD, y no obstante, tenemos carencias que no nos ha permitido cumplir cabalmente lo que nos es propio.

Ahora bien, al hacer un diagnóstico acabado, tanto de la JR como de los distintos frentes del radicalismo, nos damos cuenta que existen problemas y deficiencias que son comunes a todos ellos, pero también aquellos que son exclusivos de alguno de ellos. La pregunta entonces es: ¿Cuál es el rol de la JR cuando los problemas no le son de su competencia natural? O en otras palabras, ¿Cuándo el frente adulto, por ejemplo, del radicalismo no da el ancho, ni genera una propuesta seria frente a la sociedad, cuál es nuestro rol como Juventud? Antes de continuar y determinar cuál es nuestro verdadero papel en el radicalismo, analicemos lo siguiente y realicemos un somero diagnóstico de nuestro actual estado como Partido Político:

Desde la reestructuración del Radicalismo a fines de los 80’ hasta la fecha, ya han pasado casi 20 años. Durante todo este tiempo el posicionamiento en el país por parte del PRSD no ha cambiado sustancialmente y seguimos estancados en el 4% aproximadamente de la intención de votos a nivel popular. ¿Por qué ha ocurrido esto?



Tenemos que entender que como Partido Político tenemos el deber de generar políticas públicas y una propuesta seria de gobierno al país. Ser, en definitiva, una real alternativa de cambio y proponer cosas claras que representen nuestro ideario. En otras palabras, la vocación de poder nos es inherente como institución, y para lograr nuestros fines efectivamente tenemos que superar el 4%, crecer e incluso, aspirar a ser mayoría, sin que aquello signifique una desnaturalización en nuestros principios cuando levantamos la defensa del pluralismo y el multipartidismo.

Una vez entendido esto, tenemos que analizar cuáles ha sido nuestras deficiencias que no nos ha permitido despegar de éste 4%.

A simple vista podemos darnos cuenta de que como Partido Político contamos con poca militancia activa y propositiva, la cual a su vez, se encuentra escasamente formada y capacitada para las tareas de Gobierno. Tenemos una conectividad deficiente entre nosotros, así como la falta de una política comunicacional frente al país. No tenemos una política financiera ni proyectos sociales o políticos permanentes. Territorialmente, a pesar de contar con una presencia parcial en todas las regiones, estas no son lo suficientemente fuertes como para enfrentar un posicionamiento territorial efectivo, ni tampoco nos permite involucrarnos en el tejido social y las Organizaciones Sociales. Hemos dejado de hablar de políticas públicas, lo que nos incapacita para reaccionar frente a temas contingentes, así como generar una Agenda Programática, y por otro lado, anteponemos muchas veces proyectos y ambiciones personales, lo que deriva en lotes de poder esencialmente volátiles. Sentimos que a la Dirigencia Nacional le falta claridad mental en los problemas que aquejan a nuestra colectividad, así como en las posibles vías de solución, peor aún, carece de autocrítica y no se hacen valer las responsabilidades políticas por las deficiencias que se producen dentro de la institución. Sentimos que a las bases les falta motivación, así como asumir el compromiso de lo que significa pertenecer a una colectividad de raíz asambleísta, ni han comprendido que a partir de estas instancias basales, proviene la acción política cotidiana y la fuerza impulsora de los cambios, aunque también hay que reconocer que la autonomía de estos espacios partidarios ha retrocedido bastante desde la vuelta a la democracia. Y como si fuera poco, nos falta representatividad política a nivel ciudadano. Sólo algunos rostros del Partido tienen relevancia y una imagen positiva frente a la ciudadanía, y cada cierto tiempo, somos

tristemente publicitados con escándalos públicos. Todo esto, sin dejar de lado que de otros debemos aguantar los prejuicios propios por pertenecer a un Partido de larga data (Viejos u Obsoletos, por ejemplo). Otro aspecto importante que cabe destacar es que, a pesar de ser un Partido con una gran carga simbólica, esta no se encuentra arraigada en el saber colectivo, producto de que es muy anterior a las actuales generaciones. Debido a todo lo ya expuesto, carecemos de un posicionamiento real en la Concertación, lo que deriva en constantes faltas de respeto y fraternidad por parte de nuestros aliados, así como en una indiferencia, muchas veces absoluta, por parte del Gobierno con respecto a lo que escasamente proponemos como Partido. De hecho, lo más probable es que nuestro piso real de votación como Partido no sea el 4%, sino que uno muy cercano al 6%, pero ha sido esta posición reducida la que nos ha hecho flaquear en las negociaciones y nos ha impedido competir e igualdad de condiciones frente a las demás colectividades. Pero lo importante es que nuestros sueños y proyectos no son oídos. No tenemos la fuerza para que sean escuchados. Y por tanto, nos deslegitimamos internamente al no poder cumplir con nuestro propio ideario, y aun así, formalmente pertenecer a la coalición gobernante.

Como PRSD y como JR compartimos muchas de las carencias ya mencionadas. Y sin embargo la pregunta más importante permanece. ¿Por qué, después de 20 años, todas estas falencias persisten? Sin querer responder todavía esta interrogante, nos parece importante establecer desde ya que el crecimiento en militancia y trabajo político es la única forma de recuperar el respeto que nos merecemos y la vía para que las propuestas que nazcan en esta institución puedan algún día convertirse en realidad, y estas consideraciones deben ser las primeras que deben ocupar nuestra agenda política por parte de todo el radicalismo.

Ahora directamente al punto inflexión de lo ya expuesto. Creemos firmemente que el referente adulto, así como la clase dirigente de los distintos estamentos, no ha sido capaz de lograr un cambio sustantivo en nuestra precaria realidad. El referente adulto no ha sido capaz de solucionar en parte alguno los problemas presentados y estos se han perpetuado. Y más importante aún, como JR tenemos que hacer algo. No nos podemos solamente ensimismar en los problemas de nuestra propia Juventud, sino que también hacer nuestro el problema del PRSD. El compromiso de nosotros debe ser un compromiso

con el radicalismo, el cuál debemos asumirlo desde ya, en beneficio de las futuras generaciones de radicales.

Por otro lado, debemos reconocer en las últimas elecciones parlamentarias, la representación radical aumentó significativamente, al punto de tener una real presencia en la cámara baja, y un representante elegido por votación popular en la cámara alta. No obstante, consideramos que este hecho se debe tanto al fuerte liderazgo que puede representar el actual Presidente del PRSD como al proceso de negociación, y no, y en esto hay que ser enfáticos, no se debe a una voluntad colectiva o a la solución de las carencias ya antes mencionadas, y por tanto, consideramos estos hechos superfluos y no reflejan, necesariamente, un fortalecimiento de la colectividad radical.

Para influir y lograr la concreción de nuestro ideario a nivel nacional, tenemos, sin lugar a dudas, que replantearnos nuestro rol originario y aspirar a mucho más, concientes de nuestras propias limitaciones. Y mucho más importante, definir una estrategia para conseguir nuestras metas, ya que por lo demás, es en nuestro referente juvenil de donde más podemos aportar para hacer realidad el crecimiento.

Creemos que en este momento, lo principal es crecer y a su vez, generar el trabajo ideológico y territorial que necesitamos para darle cuerpo a nuestra colectividad. Pero primero. ¿Cómo crecer?

Primero que todo, como JR tenemos que tener la capacidad de llegar a todos los frentes juveniles (principalmente estudiantiles), y reencantar a todos los radicales de corazón que se encuentran fuera de nuestra institución, así como generar nueva militancia. El trabajo de difusión nacional, que luego propondremos, nunca ha sido llevado a cabo desde la reestructuración de nuestro Partido, y por tanto, no es impensable sostener que prontamente lograremos encantar y reencantar a correligionarios dispuestos para el trabajo político, en una primera instancia. Este es el punto de inicio y la columna vertebral de la consecución del programa, así como de los fines propios del radicalismo. Para darle perspectiva a esta primera etapa, tenemos que tener la destreza de mantener proyectos permanentes a los cuales puedan sumarse estos nuevos correligionarios. Buscar que todos los miembros de la JR tengan alguna responsabilidad de la cual puedan dar cuenta. A su vez hay que formarlos políticamente. Para esto, parte del los trabajos

permanentes pueden ser trabajos de formación. No hay oposición en aquello, y también, trabajo ideológico y territorial. Lo importante aquí es que una vez que se suma un correligionario, este pueda insertarse a desarrollar inmediatamente trabajo político. El ingreso de gente nueva que se le designe una tarea, va a provocar rápidamente un círculo virtuoso que hará crecer mucho más a nuestra institución. Y la naturaleza de ese trabajo puede ser de la más variada naturaleza. Lo esencial es tener tareas políticas específicas diseñadas con anterioridad, que no signifiquen un desgaste de la militancia en general, y que pueda ser desarrollado incluso por gente que recién comienza en la senda del radicalismo, así como tampoco un desgaste de carácter financiero; ejemplos vivos de este tipo de trabajos son la elaboración de informes políticos, electorales, de contingencia política, tareas virtuales (Pág. Webs, gráfica, difusión, etc.), talleres de formación, de liderazgos, de campañas, proyectos de formación de GURES, de GESER, entre otros. No es demasiado torcido pensar la elaboración de este tipo de trabajos va a generar, como ya dijimos, un efecto multiplicador al corto plazo, lo que nos permitirá, una vez concluido el proceso anterior, generar trabajo territorial. Para esto también hay que replantearse el asambleismo para que se encuentre acorde a la realidad actual y nos permita tener una presencia real, sobretodo pensando en las comunas de alta densidad poblacional.

El crecimiento, o mejor dicho, la consolidación de la institución pasa también por construir una voluntad colectiva. Si somos muchos, pero descoordinados, sin un norte claro, entonces somos pocos. Si somos pocos, pero coordinados, entonces seremos muchos. Pero si somos muchos, y a su vez coordinados, entonces seremos miles y marcaremos una diferencia real en esta sociedad.

A estas alturas, se darán cuenta que la reestructuración tiene que ser total. Porqué hemos hecho bastante, pero aun no tenemos nada.

También debemos ser más puritanos e idealistas con nuestros principios, para marcar la diferencia dentro del PRSD y renovar el simbolismo radical, que bastante se ha perdido. Aunque suene ridículo, el provocar un quiebre en la alicaída alma radical es fundamental, para que ésta despierte, y se sienta orgulloso de sí misma, lo cual es extremadamente importante para que a su vez, se recupere el amor propio, el respeto frente a la Concertación y la proyección frente al país. Creemos firmemente que el ver militancia

joven, mostrar trabajo político permanente, pero por sobre todo, exhibir una entrega al radicalismo como doctrina y forma de vida, hará que los demás frentes emulen nuestro espíritu. Y todo esto pasa por generar una verdadera voluntad de cambio, que solo se logra si funcionamos en forma impersonal. Hay que romper el Status Quo y los caudillismos que vuelven hermética a ésta colectividad. Entender que los personalismos le hacen mal al Partido como institución y despreciar a quienes lo provoquen o estimulen.

Los objetivos estratégicos son: generar crecimiento y trabajo interno, abrir espacios de participación, buscando fortalecer la autonomía de nuestra JR, para luego producir el cambio interno y la consolidación de nuestra colectividad, en pos de conseguir las reformas que Chile necesita. Ese es el Norte. Esa es la propuesta.

Parte de la táctica de crecimiento debemos considerar la creación de referentes más abiertos a la ciudadanía como lo son Organizaciones Sociales relacionadas directamente con la JR, para así poder generar política de cuadros, autonomía financiera y nexos de captación.

Por otro lado, la política de cuadros que se ejecute, con el objeto de premiar el buen trabajo y asegurar la correcta formación política, no puede hacer peligrar la democracia interna de la JR y solo puede ser llevada a cabo en las estructuras intermedias de nuestra organización, creadas especialmente para tales efectos.

La JR, en cuanto a su estructura dirigente, debe ser un organismo convocante y flexible. Debe propiciar la autonomía de las regiones y de todos sus estamentos, con excepción de aquellos con los cuales realiza su política de cuadros. Con autonomía se entiende la capacidad de poder autodeterminarse en cuanto a su estructura interna. La flexibilidad de la estructura nos permitirá acomodarnos a los tiempos actuales, procurar la cabida a los distintos liderazgos y finalmente, dar respuesta a la contingencia política.

La JR por de pronto debe reconocer los liderazgos ya existentes y trabajar con ellos. Debe además hacerse una fuerte autocrítica, porque a partir de ella se enmiendan los errores, y avanzar en definitiva a un Norte que no se consuma en este programa, sino que lo supere, así como a sus personalismos.

En último lugar es necesario saber lo siguiente; el crecimiento sostenido que propondremos de militancia es estadísticamente posible. Por ejemplo; existen más de
1500 colegios que rindieron la PSU y existen más de 300 centros de educación superior en el país. De aquí al 2010 existirán en Chile más de 1.000.000 de estudiantes, y concentrar gran parte de nuestras primeras energías en encantar y reencantar, en este espacio de la sociedad, es arar en tierra fértil y prontamente nos reportará beneficios. Lograr captar uno por cada frente estudiantil, representa una indicación marginal y aun así, ya son más de son 1800 personas. Pero todo depende de una buena campaña de difusión y generar los proyectos necesarios que perpetúen lo logrado. Todo ello, sin contar el esfuerzo que se puede realizar en las asambleas comunales y organizaciones sociales. Y sin considerar el círculo virtuoso que se puede generar si logramos desarrollar una buena política de formación y trabajo político.

Si logramos la mitad o un poco menos de lo todo lo que podemos proyectar, ya representará un avance sustantivo y notorio, con respecto a lo que existe hoy en día, en nuestro querido Partido Radical.

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